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La diferencia entre el gran maestro y el gran ego en la moda y belleza

En el mundo de la moda y la belleza, la diferencia entre un "gran maestro" y un "gran ego" reposa en una cualidad: la capacidad de escuchar al cliente. Hoy revisaremos alguna de las razones que dieron pie a esta reflexión.

El cliente siempre tiene la razón

Cuando pensamos en un "gran maestro", ya sea de la escena de la moda como de la belleza, decenas de nombres saltan a nuestra cabeza. Cada uno de ellos tiene como característica transversal haber logrado equilibrar su propia genialidad creativa con los deseos explícitos y/o implícitos de un grupo social. De hecho, su talento reside en la capacidad de leer y escuchar ese universo del otro, el que logran materializar en prendas, cortes o maquillajes.

La maestría de Coco Chanel residió en su capacidad de escuchar las necesidades de las mujeres de su época

Ese proceso los convierte en figuras adoradas, seguidas y admiradas por consumidores de todo el mundo. Porque si bien siguen su propia inspiración, su bajada comercial siempre va de la mano de una interpretación de los deseos de ese segmento social que buscan seducir. Si no lo hicieran, sus propuestas sólo podrían exhibirse en un museo y no podrían comercializarse.

Ahora ¿qué pasa con los "grandes egos"? Esta categoría de creativo posee el talento -puede incluso rosar en la maestría-, no obstante en la sociabilización de sus habilidades, se marea con las buenas críticas y comienza a creer que su mirada es la mirada. Si bien ello en un principio puede no haber afectado su fama, si podría hacerlo en la medida que se niegue a escuchar a su clientela y actúe sólo desde su propia voz. Es ahí cuando el cliente disconforme presa de su decepción, hace rodar, tanto en su círculo íntimo como en las redes sociales, su mala experiencia.

El que pierde la capacidad de escuchar pierde la capacidad de entender a su cliente

Allí reside el riesgo, ya que la buena fama es hermana gemela de la mala, y crece tan rápido como la hierba logrando sepultar los atributos tras el lodo del "hizo lo que quiso y no me escuchó".

Nada peor que un cliente disconforme. 

Esta sensación de sentirse "estafado", no sólo es dañina para el que la sufre, sino también para el "gran ego", que pierde no sólo un cliente, sino también decenas de oportunidades de negocio. Ello obviando el hecho que alguien podría googlearlo y encontrar una historia que disuadirá futuras intenciones de compra. Por lo mismo, es urgente no quedarse sordo por el ego y crecer en talento, sin olvidar que el que compra nuestra prenda o servicio es quien debe sonreír contagiosamente al final.

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