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Por qué debo ser y parecer un consumidor de moda responsable

Vivo en un país que aunque pertenezca a la OCDE, se vanaglorie de su estable economía y sistema político sigue siendo subdesarrollado. Esta dura afirmación supone que todavía hay personas que con dificultad llegan al final de mes y, otras, ni siquiera se proyectan con ese horizonte. Para ellas pensar en consumo de #moda responsable puede resultar una mala broma. Sin embargo, en esta misma realidad hay otras personas, como tú o yo, que hemos tenido la posibilidad de optar por una buena educación y un trabajo bien remunerado, que nos permiten no sólo adquirir bienes suntuarios, sino también reflexionar sobre qué, cómo y por qué consumir. ¿Es posible cerrar los ojos cuando se mira de frente a una industria de la moda que a veces es muy cruel? Hoy le doy a una vuelta porque es nuestro deber ser y parecer consumidores de moda conscientes


Por qué es un deber ser consumidor de moda responsable


Soy una convencida del poder de la información, de la fuerza de las palabras y también de las imágenes. Por eso, me parece imposible "hacerme la loca" ante la avalancha de noticias que leo sobre las injusticias que encierra la industria de la moda tanto en el ámbito local como internacional. La contaminación del medio ambiente y la explotación de los trabajadores son apenas una de las consecuencias de la ropa "barata". Barata para quienes compramos hoy, pero muy cara       -tanto en el presente como el futuro- para la naturaleza y muchos seres humanos anónimos.

En Internet está lleno de guías gratuitas que pueden guiar nuestro consumo como la realizada en Valencia y que se puede descargar de forma gratuita

Cuando se tiene consciencia de ello, al igual que cuando se sabe un "secreto a voces", es imposible seguir mirando la realidad de la misma manera. Sobre todo cuando uno tiene la suerte y gracia de poder decidir no sólo qué comprar, sino cuándo y por qué, porque las necesidades básicas de abrigo están cubiertas. En ese punto, todo lo que entre a nuestro clóset responde a necesidades de "tercer orden", que definen en parte lo que la gran historiadora de la moda, Pía Montalva, llama "nuestro relato autobiográfico". Es decir, suponen más actos de reafirmación identitaria que de un acto de necesidad primaria.

En ese contexto cabe preguntarse ¿cuándo será suficiente? ¿por qué tengo que comprar a costa de todo? ¿por qué esos "otros" deben vivir en la suciedad y la miseria debido a mi irrefrenable ansiedad por "tener"? ¿qué tipo de valores deseo que gobiernen mi realidad? ¿quiero que mis hij@s, sobrin@s -de la carne o el corazón- vivan en un mundo donde el límite lo impone la billetera?


Somos nosotros, esos cuya lista de pendientes dejó de ser la sobrevivencia, los que estamos llamados no sólo a mover la cabeza por los cambios, sino también a ser protagonistas de ellos. A veces la palabra "acción" en este escenario suena como a compromiso de algunos "iluminados" o de esos "Buenitos Baranda", que nacen cada 50 años.

Pero para alegría de quienes sí decidimos abrir los ojos y "meter la mano en los fardos" es mucho más fácil: sólo se necesita un poco de tiempo y voluntad para comenzar a leer las etiquetas, preguntarle a quienes hacen la ropa que nos gusta cómo la fabricaron, buscar alternativas de marcas que si estén comprometidas con la creación de un sistema moda virtuoso y revisar no sólo las revistas de moda, sino también las noticias en todos sus frentes. La moda de autor latina puede ser una buena compañera en este proceso.


Tú, yo tenemos que sacarnos el cartel de la indiferencia y empezar a coser esta realidad con nuestras propias puntadas. Esa simple acción nos vuelve ciudadanos y no meros consumidores. ¿Estás dispuesto a sostener la mirada y renunciar a que el consumo de moda te consuma? Yo quiero creer que sí...

(Foto principal: Polera/camiseta creada por Katherine Hamnett, Helvetas y la Environmental Justice Foundation)

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