QT DESTACADO

Un encuentro para reflexionar sobre la moda con mayúscula

De colusiones, boicots y moda: ¿tolerancia cero?

Estamos indignados. El #CarteldelConfort nos demuestra nuevamente que la autoregulación del mercado es una utopía, más aún en un sistema donde el objetivo está puesto en lucrar sin importar los límites. En este contexto, los ciudadanos-consumidores se están movilizando para boicotear a aquellos que no sólo les metieron la mano en el bolsillo, sino también en "la boca". Pero ese fervor que hoy se apodera de nosotros ¿para quiénes alcanza? Al parecer con la industria de la moda somos más condescendientes. Acá le doy una vuelta.

¿Tolerancia cero en la moda?


Cada vez que los ciudadanos-consumidores se dan cuenta que han sido engañados por un grupo de empresas afloran diversos sentimientos tales como decepción, indignación y desconfianza. En ese contexto surgen los hashtag y las acciones en redes sociales que llaman a boicotear a las marcas coludidas y a preferir las que se quedaron al margen.

La consigna es clara: "si nos engañan y tocan el bolsillo no nos quedaremos quietos, nos movilizaremos (desde el sillón en muchos casos) y mostraremos nuestra furia a través del 'no-consumo'. Tolerancia cero a la sinvergüenzura, venga de donde venga".

La "auto-mordaza" es la mejor alternativa cuando el factor precio no está en juego 

No obstante, todo este activismo pareciera disiparse cuando el factor "precio" no es el gravitante, cuando el conflicto se vive lejos, muy lejos de nuestras casas y billeteras. Cuando en vez de colusiones por dividirse el mercado y fijar el valor del producto, se trata de marcas que contaminan indiscriminadamente con sus procesos o que explotan a seres humanos como ocurre en la industria de la moda. Ahí no importa, porque el bajo precio no merece reclamo, sino aplausos.

Ahí la rabia se guarda en el clóset y esos "otros invisibles" terminan convirtiéndose en "daño colateral" de la batalla por la democratización de la moda.

Ahí los boicot se transforman en armas de "fanáticos old fashioned", y los hashtag sólo hablan de lo feliz y ansiosos que estamos por comprar esas prendas, sin importarnos quiénes y cómo se hicieron.

¿Por qué nuestra tolerancia se relativiza? ¿qué convierte a esas etiquetas en más inocentes que las otras que se coluden a nuestras espaldas? ¿esa colusión silenciosa y menos evidente es menos dañina porque está vestida de low cost? ¿por qué no nos enfurece el greenwashing descarado? ¿qué tan diferente tienen esa acciones respecto a distribuir documentos a domicilio rotulados como "partes de matrimonio"?

A mi se me ocurren muchas respuestas, pero parece que a esos ciudadanos-consumidores les da igual. Mientras la "libertad de consumir barato" esté garantizada, no hay espacio para el enojo. Ahí la condescendencia le gana a la intolerancia.

(Foto principal por anahtiris en 123rf)

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