Los desafíos de la ultra frivolización de la moda

La moda no tiene buena publicidad en el "mundo de los tomadores de decisión" debido a la forma en que, muchas veces, es comunicada. De hecho, hasta los ciudadanos en general, al escuchar sobre ella bromean con modelos posando exageradamente o señalando las tendencias y prendas del momento. Sin duda, ambos grupos ignoran que la moda es un sector económico que aporta al PIB, la imagen del país e incluso puede contribuir a la inclusión social. Los responsables de ello son diversos actores que pertenecen a la escena de la moda y se han encargado de ultra frivolizarla. A propósito de la campaña #NoMoreFashionBloggers, hoy reflexiono sobre este fenómeno y los desafíos que ello supone para la industria.

Extra frivolización en la moda: ¿responsables?


Ante un reportaje de Modacl sobre la campaña #NoMoreFashionBlogger que según su creador, Ras Silva, "partió como una broma y luego se transformó en una especie de reivindicación para quienes si trabajan con contenido en la moda", me pregunté cómo hemos llegado a este punto en el que un segmento se siente amenazado por personajes que se llevarían "parte de la torta" (auspicios, visibilidad, trascendencia, etc) "sin mayor esfuerzo".

Resulta fácil y atractivo "tirar la primera piedra" ante esta polémica, abanderizarse por unos u otros, buscando los responsables en "terceros", sin querer  asumir que nosotros también podemos haber contribuido a que las cosas sucedieran de esa manera. Porque la ultra frivolización de la moda no ocurrió de un día para otro, sino que es parte de un movimiento global que arrastró el fast fashion con su oferta "llegar y llevar a precios irrisorios" potenciado, a su vez, por las redes sociales como gran canal de difusión del mensaje.


Como consecuencia de ese fenómeno, olvidamos que la ropa es fruto de una cadena de valor compleja, y la circunscribimos sólo a commoditys sin identidad ni relato. En ese momento el sistema completo comenzó a viciarse, ya que las "barreras de entrada" desaparecieron y se privilegió la imagen o la forma por sobre el contenido o fondo.
Esta transición ha sido apoyada y validada por diversos actores de la industria que hoy se arrepienten de haber promovido el camino facilista y ven cómo no sólo se desacredita el sector, sino también que pierden espacio de influencia.

Es evidente que la moda posee una carga de frivolidad dada por el sistema de economía de mercado en el que vivimos. No obstante, si no subimos el nivel de la discusión y comenzamos a mirarla como "sujeto de política pública" y cambiamos el foco de la crítica y la reflexión hacia cómo estamos comunicando la moda, qué valor público está transmitiendo, qué supone o incide en nuestra identidad individual y colectiva, seguiremos marcando el paso y no lograremos que sea considerado como "sector".

Centrar la conversación en "personajes" no sólo nos distrae de los grandes temas, sino que institucionaliza la ultra frivolización de la moda, porque demuestra la incapacidad de la escena de hacerse cargo de su rol como industria incipiente y la circunscribe, por enésima vez, solo en unas cuantas páginas de ropa bellamente expuesta.


Los animo a enarbolar la bandera de #lamodaesindustria y que trabajemos para que ese hashtag se convierta en una realidad país y no en un mero grito al viento.

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