
[REFLEXIONES] Pensar la moda desde la filosofía no es un ejercicio frecuente. Sin embargo, la visita a Chile del filósofo italiano Emanuele Coccia, me dio la oportunidad de sumergirme en su obra y en la línea de pensamiento que desarrolló junto a Alessandro Michele -actual director creativo de Valentino y ex Gucci- en el libro "La vida de las formas: teoría del reencantamiento". El 27 de marzo de 2026, gracias a una invitación de Diseño UC, pude asistir a su charla, "La moda como filosofía: pensar con tejidos, crear conceptos que se visten" realizada en el Campus Lo Contador. Allí, además, tuve la oportunidad de comentar estas ideas frente a él y a los asistentes. A continuación, comparto una versión editada de esa intervención.
Claves para entender la propuesta de Emanuele Coccia sobre moda y filosofía
Para que tengan el contexto de mis comentarios, les puede contar que a charla de Emanuele Coccia proponía entender la moda no solo como una industria, sino como una de las formas más sensibles y universales de la teoría filosófica. Desde esta perspectiva, la reivindicaba como un arte capaz de producir conocimiento y abrir espacios de libertad.En su exposición, planteó que la moda puede ser comprendida como un arte liberal. Históricamente, las artes se dividían entre aquellas consideradas intelectuales -propias de los hombres libres- y aquellas vinculadas al trabajo manual. En este sentido, la moda, al igual que la pintura en el Renacimiento, estaría hoy reclamando su lugar como una forma de pensamiento que se expresa a través de materiales sensibles como la lana o el cuero.

Asimismo, redefine la noción de contemporaneidad a partir del trabajo de Alessandro Michele. Lo contemporáneo no se vincula necesariamente con la novedad, sino con la capacidad de establecer una relación libre con el pasado, activando posibilidades olvidadas y permitiendo la convivencia de múltiples temporalidades en el presente.
En relación con el lenguaje, Coccia cuestiona la idea de Roland Barthes de que la moda adquiere significado únicamente a través del discurso mediático. A partir de la icónica camiseta The Anarchy de Vivienne Westwood, plantea que la moda posee una autonomía simbólica: en ella, palabras, signos e imaginarios se convierten en materia, consolidando a la prenda como un espacio de acumulación cultural.
Desde esta perspectiva, la moda se configura como una de las formas más radicales de relación entre arte y vida. A diferencia de otras disciplinas, la ropa no se contempla a distancia, sino que se adhiere al cuerpo, modela la identidad y transforma la existencia cotidiana en un artefacto.
Esta reflexión se amplía al pensar la identidad contemporánea. A través de referentes como Hussein Chalayan, Coccia propone que el sujeto moderno construye su identidad mediante objetos, operando como una suerte de "doctor Frankenstein" que ensambla y reconfigura su propia existencia a través del vestir.
Finalmente, aborda el género desde una perspectiva no esencialista, entendiéndolo como un mapa de emociones más que como una condición biológica fija. En este marco, la ropa permite que el cuerpo se transforme en un instrumento de relación con otros, habilitando nuevas formas de identificación y de habitar el mundo.
Mis comentarios -revisados- a la charla de Emanuele Coccia en Diseño UC
Buenas tardes. Es un gusto poder conocerte, Emanuele. Quisiera partir desde la honestidad: sin esta invitación, probablemente no habría llegado a tu obra. Sin embargo, esta instancia se transformó en una valiosa oportunidad para leerte. Logré revisar dos libros y parte de un tercero, lo que me permitió identificar un hilo conductor claro en tu pensamiento.
Este hilo se manifiesta, por ejemplo, en "La filosofía de la casa", particularmente en la reflexión sobre el armario, así como en "Metamorfosis", donde aparece la idea del nacimiento y de las múltiples capas de vidas ajenas que nos constituyen. Esta noción me resultó especialmente sugerente. A partir de ello, hay un aspecto de la ropa que me parece fascinante y que tú señalas: su condición de lenguaje silencioso. Incluso cuando muchas personas sostienen que se visten con lo primero que encuentran, siempre existe una intención, aunque no sea consciente. Y en esa falta de conciencia percibo una pérdida, pero también una oportunidad, la de reconocer la ropa como un medio de comunicación.
Desde mi experiencia profesional -trabajé durante veinte años en el Congreso de Chile, específicamente en la Biblioteca del Congreso- pude observar cómo la ropa incide en el ser y en el parecer, incluso en contextos donde se declara desinterés por ella. Ese supuesto desinterés se tensiona, por ejemplo, con la existencia de asesores de imagen. En este sentido, considero que la ropa adquiere sentido únicamente en relación con el cuerpo. A diferencia de otras formas de arte, necesita habitar un territorio corporal para constituirse como lenguaje. Retomando el ejemplo del punk que mencionabas, vinculado a la camisa "The Anarchy" (1976) de Vivienne Westwood y Malcolm McLaren, esta prenda no habría tenido el mismo impacto si no hubiese sido encarnada por un cuerpo. Sin ese soporte, su discurso habría sido distinto.
Esta condición relacional de la ropa, en tanto lenguaje que se activa en el cuerpo, me lleva a pensar en la construcción de paisajes. Y en esa línea, sostengo que estos paisajes son actos políticos. ¿Por qué? Porque la moda, más allá de su dimensión artística, es una industria. Y como tal, muchas veces opera desconectada del territorio, no considera ni el territorio corporal ni el territorio físico en el que se inscribe. Esta desconexión limita su capacidad como lenguaje, pero también su potencial como artefacto cultural que puede comunicar, expresar, resignificar el pasado y proyectar futuros.
En el contexto chileno, esta desconexión se expresa de manera particularmente evidente. Un ejemplo crítico son los vertederos clandestinos en el norte del país, especialmente en el desierto de la comuna de Alto Hospicio, donde hoy existen más de cien puntos de acumulación de desechos textiles. Esta realidad da cuenta de una fractura profunda entre la producción de moda y los territorios que esta impacta. Asimismo, esta situación puede vincularse con la histórica distinción entre artes manuales y artes liberales, donde las primeras fueron inicialmente asociadas a labores serviles y luego revalorizadas. Hoy, esa jerarquía parece persistir en la forma en que se percibe la moda.
En este punto, conecto con tu reflexión sobre el armario en "La filosofía de la casa" y con el sesgo de género asociado a la ropa. Persiste la idea de que la moda es un ámbito femenino, como si los hombres no participaran de ella, lo que evidencia una construcción cultural que limita su comprensión. En este contexto, la metáfora de Frankenstein que planteas resulta especialmente pertinente: pareciera que la creación ha terminado por desbordar a su creador. La industria de la moda, en muchos casos, ha perdido la noción de su vínculo con el territorio y, por ende, su capacidad de construir paisajes significativos.
Estos paisajes no solo son simbólicos, sino también materiales. Se manifiestan en fenómenos como los vertederos textiles, pero también en dimensiones más íntimas, como la dificultad que enfrentan muchas mujeres para reconocerse en sus propios cuerpos como territorios válidos. A su vez, esta problemática se entrelaza con modelos de negocio que, desde una perspectiva predominantemente masculina, no consideran a los habitantes de estos territorios ni sus experiencias. Esto restringe el acceso a reflexiones como las que tú propones a un grupo reducido de la población, cuando, en realidad, deberían formar parte de una conversación más amplia.
Desde mi perspectiva, ampliar estas reflexiones permitiría construir una relación distinta con el vestir, habilitar lenguajes más inclusivos y comprensibles, y abrir la posibilidad de que regiones como Latinoamérica no solo reinterpreten la moda, sino que también desarrollen un lenguaje propio capaz de dialogar con el mundo.
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