[DISEÑO CHILENO] Conocer la historia de profesionales de la moda, puede ser una buena inspiración para trazar objetivos en el sector. Sobre todo, si quienes lo hicieron primero, provienen del mismo "vecindario". Ese es el caso de la diseñadora chilena Valentina Marinovic, quien de Chile a Nueva York y luego España, ha trabajado en universos tan distintos como The Row, Marc Jacobs, Thom Browne y Zara. Más que una sucesión de grandes nombres, su recorrido habla de aprender a resolver, colaborar, adaptarse a distintas escalas y entender la moda como una industria. Hoy reúne esos aprendizajes en un nuevo proyecto profesional que busca conectar diseño, producción y mercado. Te invito a conocer su testimonio e inspirarte con su recorrido profesional.
El inicio de una conversación sobre formas de hacer moda
Hay entrevistas que comienzan antes de que una se de cuenta. Al terminar mi conversación con Valentina descubrí que esta, en realidad, había empezado hace unos diez años.
Yo no lo recordaba, pero ella sí. Cuando estudiaba Diseño Integral en la Universidad Católica y desarrollaba su proyecto de título sobre el panorama de la moda chilena, me entrevistó por mi trabajo en QT - Quinta Trends. "Tú me ayudaste un montón", me recordó antes de despedirnos. Ahora los roles se habían invertido: era yo quien quería conocer qué había ocurrido en el camino que la llevó desde Chile hasta Nueva York, las casas de moda, el retail europeo y, finalmente, una nueva etapa profesional.
Porque aunque su currículum permite contar una historia poblada de nombres reconocibles (Parsons, The Row, Marc Jacobs, Thom Browne o Zara), al escucharla aparece otra trayectoria. Una construida a partir de diferentes maneras de entender qué significa diseñar.
Es así como Valentina tras terminar sus estudios en Chile decidió partir a Estados Unidos. Si bien, su primera aspiración había sido Londres y Central Saint Martins, ser aceptada en Parsons School of Design y tener a su hermano temporalmente en Nueva York, la llevaron a inclinar la balanza por la gran manzana.
Allí tuvo que profundizar conocimientos técnicos propios de la moda. Sin embargo, vista desde la distancia, hay una herramienta adquirida en nuestro país que considera determinante en todo lo que vino después. "Me enseñaron a pensar y a resolver problemas (...) llegar a una solución. Creative thinking. En el fondo, usar tus recursos, aprender lo que hay, formarse, pero que la técnica no sea un límite para la solución del problema", relata.
Es así como reconoce que sus estudios en Chile le ayudaron a pensar de una manera que le permitió responder de buena forma en escenarios muy exigentes y demandantes.


El trabajo de Valentina Marinovic en Marc Jacobs
Marc Jacobs: descubrir que nadie diseña solo
Para Valentina, Marc Jacobs es la mejor marca en la que ha trabajado en su vida. Pero su recuerdo tampoco romantiza la exigencia. Durante la preparación de Fashion Week las jornadas podían extenderse a fines de semana completos y, según narra, alcanzar cargas de trabajo extremas.
Paradójicamente, el principal aprendizaje que rescata de ese ambiente no es individual, sino colectivo. "En la carrera de diseño no te enseñan a trabajar en equipo, y en la moda, las marcas, realmente no es así. Todo se hace en equipo, porque es inabordable -individualmente- casi todos los proyectos", afirma.
Un estampado podía comenzar en sus manos, pasar por su jefa, integrarse al trabajo de otro diseñador y continuar con patronistas y atelier. El resultado pertenecía a una cadena de personas. Y allí descubrió algo que terminaría siendo tan importante como las habilidades técnicas: ser un buen team player. "La gente era muy creativa, pero era muy generosa con su talento (...) me di cuenta de cómo la creatividad fluye de la mejor forma cuando la parte del equipo está resuelta".
Lo anterior, le permitió entender que detrás de una prenda extraordinaria existe una enorme estructura de conocimiento compartido.



El trabajo de Martina Marinovic en Marc Jacobs

Del lujo a otro tipo de desafío de moda
Después de casi una década en Nueva York, Valentina decidió dar un giro a su carrera e irse a Europa. Mientras trabajaba en Thom Browne fue contactada para incorporarse al equipo Studio de Zara, una línea premium que operaba con volúmenes menores y una dinámica que, inicialmente, tenía varios puntos de contacto con aquello que conocía del lujo.


El trabajo de Martina Marinovic en Thom Browne
Trabajaba directamente con atelier y patronistas. Una idea podía transformarse en prototipo en dos o tres días. Después se trasladó hacia un área más vinculada al retail y cambió nuevamente la lógica.
Si en una casa de lujo una sola prenda podía involucrar a una veintena de personas, en Zara adquirió una mirada más completa del producto: diseño, patronaje, fitting, proveedor, color y producción podían quedar mucho más cerca de una misma diseñadora.
También cambió la naturaleza de las restricciones. "En el lujo uno no tiene limitaciones, tienes todos los colores de la caja, todos. Y si quieres la caja del vecino, también. Acá no", señala sobre su trabajo en retail.
Trabajar con presupuestos y materiales radicalmente diferentes se convirtió entonces en otro ejercicio de diseño, que la llevó a abstraer una referencia, conservar aquello que la hacía interesante y conseguir un producto deseable dentro de condiciones mucho más estrechas.
Aprendizajes de su tránsito por la industria de la moda
Ese cambio de giro también produjo una reacción inesperada en Valentina. En Nueva York, el componente manual de su trabajo había sido tan intenso que no sentía necesidad de buscar otras vías creativas. Al pasar a un entorno mucho más mediado por el computador, ocurrió lo contrario. "Cuando llegué a Inditex me volví loca. Era como necesito hacer cerámica, necesito hacer collage, necesito pintar".
Comenzó entonces a buscar un oficio, fuera del horario laboral. Este proceso y experiencia le hace pensar que esa dimensión humana y material adquirirá, cada vez, mayor importancia para el lujo, especialmente cuando productos de diferentes segmentos pueden acercarse cada vez más en ciertos estándares de calidad. Para ella, la diferencia fundamental del lujo está radicada en el oficio, los procesos y las historias que contienen los materiales.
Asimismo, hay otro aprendizaje menos evidente, que Valentina reconoce hoy. La misma diseñadora que a los veinte años estaba dispuesta a aceptar prácticamente cualquier condición con tal de aprender ya no entiende su carrera de la misma manera. "La Valentina de 20 años aceptaba cualquier cosa [...] La Valentina de 30 años es más consciente con su cuerpo, con sus necesidades".
Su salida del lujo y acercamiento al retail también tuvo que ver con eso. Le sigue apasionando la alta moda, pero comenzó a preguntarse por su compatibilidad con la vida que quería construir. Su conclusión es menos épica y probablemente más útil para quienes recién comienzan: aprender los códigos de una marca, permanecer el tiempo suficiente para formarse, construir un portafolio y moverse cuando el cambio represente una evolución profesional o mejores condiciones.


El trabajo de Martina Marinovic en Marc Jacobs
El nuevo proyecto: hacer más inteligente el proceso
Hoy Valentina comienza otra etapa junto a dos profesionales provenientes también de Zara, una buyer y una merchandiser. Entre las tres buscan conectar capacidades que habitualmente aparecen fragmentadas entre diseño, proveedores, producción y mercado.
La oportunidad surgió al detectar una brecha concreta. Un proveedor ubicado en India, por ejemplo, puede tener una enorme capacidad productiva, pero difícilmente puede interpretar por si solo qué quiere comprar una joven de 25 años en Madrid. Y una marca puede querer producir en China, India, Turquía o Portugal sin contar con los conocimientos ni las redes necesarias para hacerlo. "Es como hacer el outsourcing inteligente de lo que es el servicio de la moda", explica.
Pero hay una segunda ineficiencia que quiere abordar. Durante su experiencia en retail observó proveedores que desarrollaban enormes cantidades de muestras con la esperanza de conseguir unos pocos pedidos. Prendas que muchas veces nunca llegarán a una tienda ni a un consumidor también forman parte de la huella material de la industria. Su propuesta invierte esa lógica: utilizar diseño, buying y merchandising para desarrollar una oferta más pequeña y certera. "No voy a diseñar 300 prendas. Te voy a diseñar 30 prendas perfectas", sintetiza.


El proyecto está todavía en desarrollo y inicialmente trabaja con proveedores grandes, pero Valentina ya vislumbra posibilidades para Latinoamérica. Algunas marcas chilenas incluso se han acercado para consultar por producción. La distancia que separa a las empresas latinoamericanas de grandes centros productivos como India o China hace que esa intermediación pueda adquirir, según concluye, especial sentido para compañías pequeñas, medianas y grandes.
(Fotos gentileza de Valentina Marinovic)



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