Historias de moda: el valor terapéutico del diseño

Para nadie es un misterio el valor terapéutico del arte. De hecho, mi hermana sicóloga hizo una especialización en arteterapia. Sin embargo, no muchos se cuestionan el diseño como elemento terapéutico. Si bien leí que en EE.UU. hace rato se estudia sus implicancias en áreas relacionadas con la neurología, con el tiempo me he dado cuenta que su valor radica en algo mucho más simple: la belleza y el estado de ánimo. Esta relación que puede sonar antojadiza, me ha parecido obvia cuando por diversas situaciones me he sentido triste y solitaria. Por ejemplo, en mi último viaje comprobé que “el mal tiempo” se pude pasar observando –sin que ello implique comprar- buen diseño...


Buen diseño para el alma


Aunque suene un poco cursi, he comprobado empíricamente que el buen diseño me puede subir el ánimo y devolverme la sonrisa. Llámenle como quieran, pero observar objetos cotidianos que han sido resignificados a través de códigos modernos, ingenio y pasión me sube la moral. Se los grafico con mi propia experiencia.

Huinchas caracol en Tienda Cómodo

Un día en Tailandia estaba algo triste por un mal entendido familiar y decidí que en vez de quedarme en el hotel amargándome iría a un mall -el paraíso del aire acondicionado- a vitrinear una gran tienda de diseño de objetos. Daba lo mismo si compraba o no algo, mi idea era mirar con detenimiento cada una de esas "soluciones bellas a conflictos cotidianos" y convertirlas en mi "escape" a la pena.

Hojas y mantequillero en Amonona



Luego de un buen rato, el rictus de mi cara se relajó y comencé a entender que la belleza de esos objetos me había llevado a mundos imaginarios, donde la mantequillera es un Buda, los saleros una pareja con lindo sombreros y los vasos se reconocen con pajaritos u hojas de otoño. Puede sonar una tontera, pero realmente regresé al hotel con otra energía. De hecho, me senté a cenar sola en compañía de mi celu y Pou, pero con la certeza que había vuelto a la armonía.

Pimentero en Amonona

En las sociedades modernas donde la sobrevivencia ya no es un tema, pero a la gente tiende a estar más sola y triste, e incluso en las que el día a día duele porque con suerte se llega al fin de mes, una ciudad bella con detalles como los que les comentaban pueden transformarse en una salida esperanzadora, en una puerta para no dejar de soñar en espacios más cálidos y menos hostiles. A sumergirse en optimismo meloso y algo cursi, pero que moviliza sonrisas.

(Foto principal: Tienda Cómodo)

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