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El no canje, los desfiles y el significado de estos hechos para la moda de autor nacional

Una buena manera de medir la evolución de una industria es dimensionar cómo sus actores comienzan a reaccionar frente a situaciones que en "la antigüedad" pasaban por "normales". En la escena -e incipiente industria- de la moda nacional estamos siendo testigos de aquello. La llamada "polémica del no canje" de los vestidos para la gala del Festival de Viña del Mar; la apuesta de una diseñadora por mostrar su nueva colección en una plataforma local y no en un evento internacional (como lo hizo el año anterior) son ejemplos que demuestran que las piezas de este gran molde se están ordenando. ¿La moda chilena está viviendo un "reacomodo" como el que hace unos días comentamos de la moda internacional? Hoy reflexiono sobre ello.


Las situaciones que auguran el cambio en la moda local


Chile es un país largo y angosto con un mercado pequeño y muy centralizado en término de consumo de determinados productos. Si estos antecedentes lo llevamos a la moda de autor, nos encontraremos que no toda la oferta imperante es de interés para un gran porcentaje de la población

Si a eso le sumamos que no contamos con "super estrellas o celebrities", ni tenemos una industria mediática que trascienda fronteras, cualquier acción con "rostros" o "influenciadores" siempre será limitada por las características ya esbozadas. Desde esa perspectiva, un "canje" de vestuario para un evento como una gala es lo más cercano a "pan para hoy y hambre para mañana", ya que en materia de comunicación de marca y posicionamiento tiene un efecto marginal , mientras que en el ámbito del negocio es casi nulo (sólo pensando en la posibilidad de que lleguen más clientas producto del evento).

¿Cuál será el recuento del 2016? ¿Igual de extenso que hace dos años?

Hablando en términos muy concretos, que la súper actriz de la tv lleve un vestido de un diseñador X tiene un impacto mínimo respecto a que lo llevara una gran celebridad internacional en un contexto de una dimensión como los Oscar o los Grammy. Por lo mismo, hacer el trabajo por gratis no tiene sentido.

Pero más allá de este análisis que bordea lo obvio para alguien con una mirada de la moda como industria, la reacción de un grupo de diseñadores al "no canje" supone la consolidación de una masa crítica que está sintiéndose parte de un engranaje que no puedo funcionar "a lo amigo". Es decir, la única manera de lograr la sostenibilidad de las marcas es con relaciones "win-win", que no son posibles si una de las partes no considera que la ganancia es equitativa y/o justa.

Este análisis supone que se ha conseguido una experiencia no sólo mediática, sino también en términos de gestión del negocio, donde se deja de lado la "ilusión de las cámaras" y se actúa de una manera pragmática y en pos de mantener cosiendo la máquina. En otras palabras, se comienza a profesionalizar el oficio y a operar bajo la mirada de un modelo de negocio, que permita seguir creciendo y existiendo, más allá de los 15 segundos de fama o las menciones casi anecdóticas en redes sociales.

Lo mismo ocurre cuando se llega a la conclusión que la mejor manera de consolidar la industria es potenciar los espacios de exhibición nacionales -desfiles-, que participar de fashion week internacionales. Más aún cuando no se tiene resuelto cómo "pararse" efectivamente en esos mercados, más allá de la presentación de la pasarela. 

Lupe Gajardo comentaba en su Facebook recordando el aniversario de su paso por el NYFW el 2015: "Hoy no estoy allá porque quise presentar acá en Santiago mi próxima colección de invierno16´. Me interesa colaborar para impulsar la industria del diseño nacional, porque somos muchos los excelentes exponentes y trabajadores del rubro que dedicamos la vida a este oficio/disciplina y es necesario crear vitrinas de primer nivel para poder mostrarnos, desde Chile al mundo y no al revés..."  



Esta reflexión habla de creativos que están madurando no sólo conceptual, sino también comercialmente, ya que comprenden que salir al mundo no es el paso para ser considerados en su propia tierra, sino que es la senda natural cuando ya se tiene una ruta trazada y planificada, donde se resolvió algo tan básico como la disponibilidad de stock. 

En definitiva cada uno de estos hechos, que podrían sonar anecdóticos, nos están demostrando que los diseñadores están comenzando a mirar su trabajo y la escena desde una lógica estratégica y de largo plazo, donde las ganancias no se miden por segundos de TV o entrevistas post-eventos, sino mediante el cumplimiento de objetivos concretos, temporales y medibles. 

Por consiguiente, nos habla de que estamos en un momento donde resulta urgente articular y capitalizar estas sinergias. No se trata de esperar que todos "tomen sus tijeras" y cortemos la tela en sincronía perfecta, sino de que con estas nuevas miradas del quehacer empecemos a esbozar el futuro de la industria y a construir -con quienes les interese- el plan estratégico de la moda nacional. 

Hoy somos testigos de que hay un grupo que quiere profesionalizarse y potenciar lo existente, con ellos hay que comenzar la aventura de planificar lo que vendrá. El tren todavía no se va, lo importante es que partamos el viaje con quienes si están demostrando que quieren hacerlo. 

(Foto principal: 24 horas)

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