Mirar el circuito completo de la ropa usada según Paz Concha
Durante los últimos años, las "postales" de prendas abandonadas en el desierto de la comuna de Alto Hospicio han recorrido el mundo y transformado al norte de Chile en una de las representaciones más reconocibles de los impactos ambientales de la industria global de la moda.Sin embargo, concentrarnos exclusivamente en ese punto final puede impedirnos comprender la complejidad del fenómeno y, sobre todo, los procesos económicos y sociales que ocurren antes de que una prenda termine convertida en residuo. Precisamente ahí pone el foco "Chile en el circuito global de la ropa usada", informe desarrollado por Paz Concha, profesora asociada y directora del Centro de Investigación en Economía y Sociedad (ESOC), como parte de una investigación más amplia realizada desde la sociología económica.
"Chile constituye un caso especialmente relevante porque ocupa una posición estratégica en los circuitos globales de la ropa usada y, al mismo tiempo, abastece gran parte de su mercado de vestuario mediante importaciones. Esto ha dado lugar a un sistema complejo donde conviven mercados de reutilización, iniciativas de innovación y también importantes desafíos ambientales, como la acumulación de residuos textiles en el norte del país", señala.
Su aproximación busca, por lo mismo, ir más allá de estudiar exclusivamente el residuo para preguntarse cómo se construye valor alrededor de materiales que en otros contextos pueden ser considerados desechos, quiénes participan de ese proceso y qué prácticas permiten mantenerlos en circulación.
"Más que estudiar únicamente un problema ambiental, el proyecto busca comprender cómo se construye el valor en la economía circular y qué desafíos y oportunidades plantea ese proceso para avanzar hacia formas de producción y consumo más sostenibles", afirma.
Los múltiples mercado de la ropa usada
Seguir la trayectoria de una prenda usada supone también seguir a quienes participan en ella. El trabajo de campo de la investigación se ha desarrollado en Santiago, Iquique y Alto Hospicio e incluye más de 50 entrevistas en profundidad, además de observaciones y análisis documental. Entre los actores entrevistados se encuentran organismos públicos, empresas, organizaciones de la sociedad civil, consultoras, emprendimientos de innovación y comerciantes de ropa usada.Esa diversidad permitió constatar uno de los aprendizajes centrales del proyecto: hablar de "el mercado de la ropa usada" en singular simplifica una realidad bastante más compleja.
"Quizás el mayor aprendizaje del proceso ha sido constatar que no existe un único mercado de la ropa usada, sino un conjunto de circuitos profundamente interdependientes. Lo que ocurre en un punto de la cadena tiene efectos sobre los demás, por lo que pensar soluciones requiere comprender esa complejidad y considerar las distintas escalas involucradas, desde las dinámicas globales del comercio textil hasta las prácticas cotidianas de reutilización en los territorios", comenta la académica.
La distinción resulta especialmente importante cuando comenzamos a pensar en soluciones. Intervenir solamente el residuo cuando este ya se produjo deja fuera las múltiples decisiones, intercambios y actores que determinaron previamente su recorrido.
Lo anterior supone, en definitiva, cambiar la escala y poner el foco en uno de los hallazgos que Paz considera más interesante y que se vincula al hecho de que Chile no puede ser entendido exclusivamente como el destino final de la ropa usada proveniente de otros mercados, sino también como un nodo dentro de un circuito global.
"Muchas veces el debate se concentra exclusivamente en las montañas de ropa acumuladas en el desierto de Atacama, pero esa es solo una parte de la historia. Antes de llegar allí, las prendas atraviesan una extensa red de actores que clasifican, seleccionan, comercializan, reparan, reutilizan o transforman esos textiles".
Mirar esas otras trayectorias permite reconocer que la misma prenda que puede terminar convertida en residuo también puede permanecer en circulación y generar valor mediante diferentes mecanismos y actores. "Comprender ese circuito completo permite identificar dónde existen oportunidades para fortalecer la circularidad y dónde se generan las principales limitaciones”, agrega.
Y es justamente esa información la que puede contribuir a desarrollar respuestas más precisas frente a un problema que no admite soluciones simples.
Desde esa línea, Paz advierte que "si queremos diseñar mejores políticas públicas para el sector textil, necesitamos entender no solo cómo gestionar los residuos, sino también cómo funcionan los mercados, las infraestructuras y las organizaciones que hacen posible que una parte importante de esas prendas continúe circulando y generando valor".
Datos para construir mejores decisiones
El informe que ahora se publica no constituye el cierre de la investigación, sino uno de sus primeros resultados. El estudio forma parte de un proyecto Fondecyt de Iniciación desarrollado entre 2025 y 2028, actualmente en su segundo año. "Chile en el circuito global de la ropa usada" busca específicamente caracterizar este circuito en nuestro país durante el periodo comprendido entre 2015 y 2023.La intención es que la información obtenida no permanezca exclusivamente dentro de la academia. "Esperamos que sea un insumo útil tanto para investigadores como para tomadores de decisiones, organizaciones y cualquier persona interesada en esta temática", explica Paz.
Hacia fines de 2026 comenzará una nueva etapa centrada en el análisis de los datos recopilados y la elaboración de artículos científicos, mientras durante el tercer año continuarán las actividades de difusión y vinculación destinadas a compartir los resultados y promover el diálogo entre academia, instituciones públicas y quienes participan cotidianamente en la economía circular textil.
Ese diálogo resulta especialmente necesario en un momento en que Chile comienza a construir nuevas respuestas para sus residuos textiles. Porque reconocer la gravedad de las imágenes que vemos en Alto Hospicio es imprescindible, pero evitar que sigan reproduciéndose requiere entender qué ocurrió mucho antes de que esas prendas llegaran hasta allí.
El aporte de investigaciones como la llevada a cabo por el ESOC radica justamente en ayudarnos a completar ese mapa. A reconocer los flujos, las relaciones y los actores que sostienen el sistema; identificar dónde se genera valor y dónde este se pierde; y contar con evidencia que permita desarrollar políticas públicas y acciones correctivas que no destruyan aquello que sí funciona mientras intentan resolver aquello que evidentemente no.





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