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Casa Kiro presenta Siempre Viva: sincretismo de recuerdos en joyas

Aluciné cuando Vania Ruiz, creadora de la marca de joyería contemporáneaCasa Kiro me contó sobre su participación en La Persistencia Barroca y su opción por conjugar el barroco latinoamericano con su propia historia. Realmente me conmovió su relato y el resultado de su proceso creativo, que terminó siendo el hilo conductor de Siempre Viva, la colección que vimos en Pasarela Valparaíso y que hoy nos muestra a través de una bella producción que cierra este sincretismo no sólo de culturas, sino también de recuerdos. Un homenaje a esos muertos que hoy viven en nuestra memoria y que incluso, en el final, se hacen presentes. 


Siempre Viva según Casa Kiro


"Siempre Viva es una nueva mirada sobre el sincretismo nacido a partir del catolicismo y el animismo indígena, que persisten hasta hoy, dejándose ver en el culto a los muertos. Las animitas y los coloridos cementerios del desierto, son expresiones actuales que nos hablan de la cosmovisión y estética de los pueblos originarios, que se han colado en el tiempo y persisten hasta hoy.


Animitas, cruces, desiertos, sol, relicarios, coronas de flores coloridas, coronas de flores oxidadas, y otros forman parte de este nuevo imaginario, construyendo una mirada desde el barroco latinoamericano en torno al recuerdo y la permanencia de los muertos a través de los vivos.

Este trabajo se inicia con la animita que realicé hace algunos meses para mi padre, a propósito de una investigación sobre la influencia y particularidad del movimiento Barroco Latinoamericano".


La historia tras la producción de Siempre Viva


"Como todo lo que ha sucedido desde que comencé a trabajar en la animita de mi papá, el día de la producción no estuvo exento de magia. Semanas antes les había preguntando a los amigos de facebook por datos de animitas en bellas locaciones. Fue mi amiga Carmen Eva quien me habló de este lugar en Laguna Verde, El Mirador de Elías. Partimos un día a conocerlo y supe inmediatamente que este era el sitio perfecto.



En una curva del camino, en el borde del acantilado, se abre la barrera y aparece una explanada de tierra. Al centro, una pequeña casita, que casi no se ve, rodeada por un jardín de flores naturales y artificiales, a su vez rodeado de rejas blancas. Detrás, un cartel: 'Mirador Elias, un regalo de Dios, un hijo nunca muere'. A un lado, 3 bancas y unos pinos, enmarcando el horizonte limpio. Al otro, una casita de vidrio para encender velas. Abajo, el gran océano y a un costado, pequeñito, Laguna Verde, entre los bosques. Y arriba, una bandera chilena se deshace en el viento. Tarde de sol, cielo y mar azules, brisa suave, silencio, paz, hormigas gigantes, flores amarillas.


¿Cómo ubicar a los padres? ¿cómo pedir permiso? ¿se enojarían? ¿sería ofensivo hacer una producción de fotos ahí? Todas estas cosas me preguntaba.



Finalmente llegó el día de hacer las fotos. Habían pronosticado neblina. Una tarde triste de neblina, augurando fotos tristes. Resignación. Pero cuando desperté esa mañana, no había ni una sola nube en el cielo.


Llegamos a Laguna Verde, y el día era tan perfecto como la primera vez. Comenzamos a hacer las fotos en los alrededores. Llevábamos un buen rato, cuando en eso apareció un colectivo, que se estacionó al frente de la animita. Se bajó una pareja algo mayor. Venían con una pala, baldes y otras cosas. Eran los papás de Elias.



Y conversamos. Les conté lo que hacía, les conté que todo había comenzado por el collar de animita que le hice a mi papá. Les mostré las joyas, le hablé de la fotógrafa, de la modelo, de mi. Me mostraron todos los regalos anónimos que tenía su animita, mientras arreglaban el pequeño jardín. El papá me contaba sobre cómo cuando hicieron el nuevo camino, habían puesto la barrera impidiendo el acceso a la animita, y de cómo había logrado que las autoridades lo escucharan y le abrieran una entrada para poder visitar a su hijo. Incluso sacó del maletero de su auto, un diario con la noticia para que la leyera. Dos páginas completas relatando su hazaña, pero también pude leer cómo había saltado el joven Elías en su auto por el barranco, una noche del 2007, afligido por problemas.



'Mi niño hace cosas buenas por la gente', me dijo su mamá, y uno a uno me fueron mostrando todos los objetos que la gente había comenzado a dejarles. Una gorra, un pañuelo, un cuadro, unas plaquitas de agradecimiento, unos faroles solares amarrados a la reja blanca para iluminarlo en la noche. Una familia del sur incluso vino a pasar el año nuevo con él, me contaron. 'Y las bancas y los pinos sembrados alrededor los fueron poniendo gente que viene, nosotros las dejamos tal como las encontramos'. Así crece este lugar.


Les pedí permiso para tomar fotos junto a la animita, y ellos me dieron las gracias.
Le dejé unas flores y unas velitas.
Ahora ciertamente, le debo el agradecimiento".

Crédito de producción
Fotografía: Pilar Castro Evensen / Maquillaje: Danny Sepúlveda S / Modelo: Luna Aballay / Joyas y Vestuario: Casa Kiro

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